Carla Andrade // Entrevista

carla andrade (2)

¿Cómo empezaste en el mundo del arte? ¿Siempre tuviste claro que querías ser artista?

Fue un poco por casualidad, o al menos sin buscarlo. Nunca antes había tenido un contacto directo con el arte ni una vocación especial por la fotografía. Lo que si es cierto, es que siempre he estado muy interesada en temas que van más allá de la propia realidad; en el mundo de las ideas. También en la imágenes como contenedoras de un tipo de lenguaje abstracto. Comencé haciendo fotos de forma amateur, con el único afán de generar mi propio lenguaje-realidad. Hasta que decidí realizar mi primer proyecto con una cierta coherencia…

Actualmente estudias filosofía, y esto repercute directamente en tus imágenes ¿Qué temas tratas en tus obras? ¿Cómo definirías tu trabajo y esta relación con lo filosófico?

Estudio filosofía porque mi trabajo me lleva a plantearme cuestiones que se mueven en ese campo. Me interesan conceptos muy amplios en torno a la concepción de la realidad. Por ejemplo, el tiempo me interesa especialmente por tratarse de un elemento que alude a los límites de la realidad, al igual que el vacío. Y, a su vez, me interesa deshacer las dualidades y, de esa forma, unir tiempo y eternidad, vacuidad y desbordamiento… Además, mi trabajo trata de aunar pensamiento y vida, razón e intuición. Le da importancia a lo poético como apropiación de la realidad. No pretende dar respuestas a nada; sino que se plantea cuestiones. Trata de mostrar la parte invisible de la realidad, esa la otra parte. Se centra en la experiencia directa, más que en el análisis. La forma también es importante en mi trabajo, así como la experiencia estética, concepto que entiendo como generador de contenido y de pensamiento.

Realizaste diferentes series como resultado de tu experiencia en residencias artísticas, por ejemplo, en los últimos dos años has viajado a sitios como Nepal, Suecia o Islandia. ¿Cómo fueron estas experiencias? ¿Consideras que influyeron de forma decisiva en tu trabajo?

 En mi caso, el viaje forma parte del proceso; plantearme a mi misma ante nuevas realidades, ante nuevos paisajes que me sitúan en el extrañamiento y en el asombro. La razón de estos traslados para realizar mis proyectos no son para realizar un trabajo documental acerca de esos lugares, ni antropológico, ni cartográfico; sino que son para comprender ciertos aspectos desde otros prismas. Consiste en tratar un mismo tiempo desde diferentes espacios.

  carla andrade (10)

En tus obras nos muestras paisajes solitarios, muchas veces con un personaje de espaldas, recordándonos clásicos de la pintura romántica, que nos llevan a reflexionar sobre la relación del hombre con la naturaleza, la contemplación… ¿Hasta qué punto son para ti una referencia? ¿Por qué decidiste centrarte en el paisaje?

 En mis primeros trabajos si me centraba más en esa inmensidad del paisaje donde el hombre se situaba al mismo nivel que el resto de elementos de la naturaleza. En realidad, en un principio, la pintura del romanticismo no era una influencia, al menos no conscientemente. Fue después cuando encontré las similitudes.

Del paisaje me interesa lo que tiene de inconsciente, como vuelta a los orígenes, a nuestro yo natural, el más primitivo. Representa el estado salvaje del la mirada, para así dejar de lado la racionalidad discursiva.  Además, al ser un elemento desposeído por el ser humano, se torna un misterio en si mismo. El hecho de que sea un misterio ya lo hace transcender, ya que supera lo estrictamente inmanente. Indagar en éles tratar de reflexionar acerca de esa parte irracional e invisible de la realidad por la que me siento profundamente atraída.

¿Cuáles son tus referentes artísticos?

 Hay muchos, y cada día se unen más o cambian. A nivel de pensamiento, y por tanto vinculado a las ideas que aplico, como un “método”, me interesa Hölderlin, de María Zambrano o Heidegger, entre otros. A nivel plástico, el discurso de Oteiza, de Rothko o Malevich, por ejemplo. Jochen Lempert en fotografía o Peter Hutton en cine. Lee Ufan… Por decir lo primero que se me viene a la cabeza.

 

 La gente habla a veces de tu trabajo encasillándolo, o definiéndolo como pictorialista, ¿estás de acuerdo con esta etiqueta?

 Quizás en mis primeros proyectos si que había un interés directo por lo pictórico, como por ejemplo en la serie fotográfica “PrimaryMistLandscapes”. Me interesaba la idea de paisaje construido con la mirada y con la luz, como si de un pincel se tratara. En mis últimos trabajos, depende del punto de vista desde donde se aborden, si entendemos pictorialismo como lo relacionado a la pintura, pues si podemos encontrar coincidencias.

Colaboras de forma habitual con Lois Patiño ¿Como decidisteis trabajar juntos? ¿Qué aporta cada uno?

 Lois y yo tenemos una forma muy similar de concebir la realidad y de sentirla. Además, éramos pareja y viajábamos juntos. Más que aportarnos, nos complementamos a la perfección, nos motivamos mutuamente y por eso nos resulta muy cómodo trabajar juntos.

En un momento como el actual, qué crees que debe hacer un artista emergente para sacar adelante su obra?

 Ser honesto con su trabajo y trabajar muchísimo.

Recibiste numerosos premios, por ejemplo, el primer premio XV Premio Joven Artes Plásticas en la Universidad Complutense de Madrid, o el Premio Artistas Emergentes Absolut Casa/Arte 2013, numerosas becas…¿Cómo repercuten todos estos premios en tu trabajo?

 Te animan a seguir trabajando más, desde luego.

 carla andrade (12)

Acaba de clausurarse tu exposición “Choven manchas de tempo” en A casa das artes de Vigo, que muestra tu último trabajo fruto de una residencia en Nepal. ¿Puedes contarnos más sobre este proyecto?

 Llueven manchas de tiempo continua el estudio sobre las nociones de vacío y tiempo iniciado en mi anteriores proyecto “Geometría de ecos”, donde se estudiaba el vacío en relación a su propia expresión, a su representación abierta y fragmentaria. En esta segunda fase, se afronta el vacío desde el punto de vista del método. Para ello me trasladé a Nepal con el fin de profundizar en el concepto de vacío desde el punto de vista de las filosofías orientales, así como por la vasta e indómita orografía de este país. Mi intención era buscar líneas limpias, imágenes impregnadas de vacío. Pero al mismo tiempo buscaba, de alguna forma, un acercamiento a la estética del Neobarroco, sobre todo en las cuestiones relacionadas con la repetición y la variación; la revalorización de la idea de desorden y caos; la imprecisión, lo incompleto y errático en la recepción estética, el predominio de lo laberíntico como síntoma del gusto por el enigma, lo que se oculta, el peso de la lectura no lineal.

Una vez en Nepal, me encontré con la saturación, así que tras un una larga reflexión para determinar el enfoque de mi trabajo llegué a la conclusión de buscar el vaciado por su propio desbordamiento. En este sentido, el vacío resulta una suerte de vaciamiento que tiene su trasfondo en la soledad interior, como también podemos apreciar en corrientes de pensamiento tales como el budismo zen, por ejemplo. Esta vacuidad no deja lugar a la dualidad y sustituye la conciencia con la inconsciencia.

Esta búsqueda del vacío para llenarse del universo entero, un estado de plenitud que aquí llamamos desbordamiento, brota cuanto estamos atentos a la realidad presente, tomamos consciencia. Un presente que contiene y crea el pasado y el futuro; que nace y se renueva constantemente. Así, Llueven manchas de tiempo pretende crear un tiempo absorbido, que no halla su resonancia porque es, o está siendo, mientras se renueva. Un vuelo sin plumas, ingrávido.

Asimismo, en este intento de intensificación del presente, tratamos de huir de la idea nostálgica inherente a la fotografía como forma de recrear un momento del pasado, para hablar del ahora, de ella misma como un objeto que está siendo, un ser-en-el-mundo como diría Martin Heidegger. Un vivir ahora, en el presente, porque es lo verdaderamente real, lo eterno. Atención a lo inmediato, nada hay permanente, un fluir constante. Así este proyecto se plantea sin una centralidad convergente, sino que hay múltiples puntos de fuga que apuntan fuera del cuadro o relacionan entre sí los elementos, dominando unafalta de simetría.

El tiempo concebido como forma de entender el ser, o el ser como producto del tiempo, genera la necesidad de aceptar lo finito frente al ansia de conservación y perpetuidad propia del pensamiento occidental. Oposición Oriente/Occidente en la actitud divergente receptividad/poder. Esquema circular frente al lineal. Ante el miedo por la naturaleza indómita, nace el desasosiego de tratar de descubrir y dominar las leyes de la naturaleza, necesidad de hacerla científicamente inteligible, reduciendo sus formas a las regularidades de la geometría. En vez de permanecer atento a sus revoluciones y adaptarnos a ellas, esa necesidad de iluminar, nos ha llevado a quedar atrapados en nuestra propia racionalidad.

“Llueven manchas de tiempo” está formado de fotografías, vídeo, sonido e instalación que funcionan como un todo que recoge todas las ideas mencionadas anteriormente. Además, toda la exposición está acompañada de una luz que parpadea y ciega… Se trata de crear un universo de resonancias sensibles, construir un espacio interior donde hay unos símbolos que se repiten y que nos envuelven generando una experiencia total.

 Web

 

Galería:

 

 

 

Anuncios