Ana Gil // Entrevista

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Eres licenciada en Filología Hispánica, ¿cómo decidiste involucrarte en el mundo del arte?

Puedo decir que tanto la literatura como el arte, han sido realmente mis dos vocaciones determinantes. Por cuestiones complejas de tipo contextual, opté por matricularme inicialmente en Filología y posponer el estudio de las Bellas Artes al momento en el que terminara esta primera licenciatura, y así fue.

Mientras permanecía matriculada en Filología (de manera, digamos oficial o reglada) estuve acudiendo a clases de pintura con el artista Xurxo Martiño, realicé cursos de fotografía, enseñanzas de teatro y danza que me ayudaron mucho para desarrollar posteriormente mis acciones performáticas, etc.

Y a la inversa… es decir, al mismo tiempo que trabajaba ya, como profesora de Literatura en la enseñanza pública, preparé mi acceso (en este caso, de manera ya oficial) a la Facultad de BB.AA. de Pontevedra, estudié el doctorado y posteriormente, realicé mi tesis doctoral. Siempre han coexistido estas dos actividades y creo que van a continuar coexistiendo.

Respecto a las conexiones que han existido entre las artes plásticas y la literatura, creo que son indudables desde un punto de vista histórico o sociológico. Como profesora de literatura, me resulta imposible abordar cualquier pieza literaria sin presentar o aludir a las interferencias con los movimientos artísticos correspondientes, y las conexiones entre imagen y texto.

Tu tesis doctoral ”El hogar como exilio latente. Aproximación al espacio doméstico de desasosiego en la creación artística contemporánea” define todo tu trabajo. Podrías explicarnos tu idea de hogar, y esa idea de hogar como exilio o espacio de clausura?

El foco de mi reflexión artística en este momento, se centra en el hogar del desasosiego, entendido éste, como todas las posibles situaciones de riesgo físico y psicológico, que pueden darse dentro del universo doméstico.

Mi relato fotográfico, pretende abordar todos esos simulacros que se ocultan tras la apariencia de una feliz convivencia familiar, y que produce en definitiva, la alienación de los seres más desvalidos y más vulnerables que habitan en el seno del hogar: las mujeres, los niños, los enfermos, los ancianos, etc.

Trato de demostrar, que en ocasiones no desdeñables, la familia funciona como un instrumento ideológico como cualquier otro, con sus mismas estrategias y sus mismos elementos, mientras se alimenta de una proyección al exterior, que en muchos casos, no se corresponde con la real. Cuando la estructura familiar, siega las alas de sus componentes, el resultado da como consecuencia, la aparición de sujetos mutilados, amputados de sus ansias de vivir, que difícilmente van a poder desarrollar una identidad plena.

Realizas fotografía, escultura, y arte de acción, ¿cuál es tu concepto de arte de acción? ¿Qué significado tiene realizar este tipo de proceso artístico?

Mis comienzos artísticos han estado ligados a lo que se ha conocido como “arte efímero”: performances, acciones e intervenciones en el medio natural. Inicialmente me interesaba enormemente la modificación del espacio público por lo que tiene de intromisión y cuestionamiento de los valores aceptados.

La práctica de la performance la llevé a cabo en un momento vital en el que mi modo de comunicación, necesitaba de un contacto piel contra piel con el espectador. En la actualidad, he reducido considerablemente su práctica y creo que en ocasiones, se está banalizando el arte de acción, utilizándolo como un entretenimiento para amenizar eventos. Mantengo mucha admiración hacia esta práctica artística por lo que tiene de verdad y de desnudez. Creo por ello, que el arte considerado efímero, no sólo no está suficientemente reconocido, sino que ha sido muy mal interpretado.

Sin embargo, en este momento, preciso de una relación mucho más silenciosa, más íntima y menos explosiva, donde el silencio del taller, encaje con el silencio del espectador, buscando un encuentro menos ruidoso. Mis piezas fotográficas responden a ese deseo de ofrecer la posibilidad de un discurso en el silencio que también preciso desarrollar como creadora. Supone una “exposición” menos inmediata, pero que también requiere de la complicidad de un espectador dispuesto a recibir cierta dosis importante de intimidad, de manera menos explosiva, pero no por ello, menos reflexiva. Mis piezas fotográficas responden a ese deseo de ofrecer la posibilidad de un discurso en el silencio que también preciso desarrollar como creadora.

Tu trabajo en ocasiones es muy duro, a veces bajo una apariencia delicada como las esculturas con plumas de la serie Hogar, dulce hogar, u obras con encajes, tratas temas difíciles como el miedo, ¿cómo definirías tu obra?

Me gusta siempre recordar las palabras del escritor Juan José Millás, cuando dice: “se escribe desde el conflicto”. En mi caso, de manera rotunda, se crea también, siempre desde el conflicto.

Mis primerísimos proyectos, abordaban el concepto del cuerpo en relación con el problema de la identidad, pero casi enseguida, me di cuenta de que mi verdadera preocupación se desviaba de ese concepto del cuerpo aislado, para centrarse definitivamente en los conflictos vinculados con el hogar desasosegante y la estructura familiar. El cuerpo oprimido, cercado y sometido dentro de ese espacio asfixiante, que puede llegar a ser la casa y la familia, es el paradigma que se repite a lo largo de la mayoría de mis trabajos. Efectivamente, tras mis composiciones aparentemente “dulces” se esconde un abismo de dolor. Sobrevuela sobre todas mis piezas un tono confesional, que no remite necesariamente a cuestiones que tienen que ver con lo autobiográfico pero sí con la memoria familiar de seres cercanos. O de nuevo, en las palabras del escritor Juanjo Millás:

“Comprendí que la escritura, como el bisturí de mi padre, cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e intuí porqué era escritor”.

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El año pasado ya participaste en Cuarto Público ¿Qué te pareció la experiencia?¿Qué esperas de este año?

Mi participación en Cuarto Público, se llevará cabo a través de la Galería METRO ARTE CONTEMPORÁNEA de Santiago de Compostela, que participa como expositor, al igual que el año pasado, en una de las habitaciones del hotel NH.

Creo que la creación de todo un entramado de exposición, visibilización y distribución de la creación artística en “territorios periféricos” para el mercado del arte, como Galicia, es una deuda pendiente que no la están llevando a cabo las grandes corporaciones institucionales sino la valentía de nuevos programadores y comisarios como Paula Cabaleiro o Territorio Cultura. Se trata de nuevas generaciones que están abriendo puentes sin complejos, generaciones terriblemente bien preparadas y formadas, que hasta ahora, han carecido de los soportes necesarios para dar a conocer su trabajo. Es una brecha, que espero, continúe expandiéndose con las mismas señas de identidad.

Tu temática es dura, crítica, aparece el hogar en vez de cómo un lugar donde sentirte a salvo, como un lugar que oprime. Hablas sobre los malos tratos, el miedo, y en definitiva sobre las mujeres. ¿Estás a favor o en contra de las etiquetas de arte femenino?¿Crees que la etiqueta de arte femenino es correcta para algunas artistas? Opinas que hay un arte femenino, y por tanto un arte masculino?ana gil (11)

En mi caso, la preocupación por reivindicaciones feministas no debe ser aprovechada para establecer etiquetas y acotar así, la esfera de actuación. Me interesan los problemas que tienen que ver con la condición humana, concretamente, los que se derivan del abuso de poder dentro del espacio doméstico, y que por desgracia, afectan estadísticamente hablando, a una mayoría de mujeres, pero también a otros sectores sociales (enfermos, infancia, ancianos, etc).

La reivindicación feminista fue y es, IMPRESCINDIBLE desde un punto de vista social (no olvidemos, la reciente y abortada por medieval, ley del aborto del ex ministro Gallardón) pero desde un punto de vista artístico, al menos para mí, no tiene sentido reivindicar “la salida del gueto del patriarcado” para “entrar en otro gueto”, el de la etiqueta femenina. La permanencia en la etiqueta es una señal de desigualdad, en cierto modo, te coloca en un subgénero o en un escalón intermedio que no llega a tener identidad plena.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

En unas semanas, inauguro en la Casa Museo Casares Quiroga de A Coruña, una muestra individual dentro del Outono Fotográfico. Si no hay novedad, y también en diciembre, participaré en una exposición colectiva en la galería Dos mil vacas de Ponferrada, a través de un intercambio que establece este espacio con mi galería de Compostela, Metro Arte Contemporánea, y tengo también prevista, una colaboración con la Galería Visol de Ourense, donde presentaré obra en papel de pequeño formato.

Respecto a la exposición de mi trabajos sobre plancha de aluminio, en la que ahora estoy más volcada, tengo previstas un par de muestras individuales con dos galerías de Asturias, una en Oviedo y otra en Gijón, pero están aún por concretar fechas y no quiero precipitarme pues siempre puede haber sorpresas.

En cuanto a mi producción artística, sigo trabajando con el elemento arquitectónico de la casa y con la imagen fotográfica extraída de antiguos álbumes de fotos. En este momento estoy trabajando en dos series que están sin terminar, pero que espero queden finalizadas hacia mayo de 2015 la primera de ellas, que llevará por título “Entre (te) Nidos”, y hacia octubre, la segunda, posiblemente, bajo el nombre de “Criptosistemas”. Mi trabajo es lento y necesita cierta maduración hasta que ve finalmente la luz, por ello, no me gusta demasiado señalar fechas concretas porque la propia obra es la que realmente marca mis tiempos.

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