Diane Arbus

Todo el mundo conoce las fotografías de Diane Arbus, a nadie dejan indiferente, y es que sus imágenes nos remueven a todos por dentro.

Diane Nemorov nació en una familia acomodada judía, en un barrio rico rodeada de las clases altas de la sociedad neoyorquina, esta vida privilegiada más tarde le traería consecuencias, ya que en muchos momentos ella misma reconoció que esa especie de sobreprotección y aislamiento, esa sensación de “vida perfecta” habían hecho que se sintiese aislada de la realidad, como en un mundo irreal.

Cuando tiene catorce años conoce al que será su marido Allan Arbus y con él descubre el mundo de la fotografía, en un primer momento trabaja como su asistente. En la década de los años 40 trabajan juntos pero centrados en el mundo de la publicidad y la moda, trabajan para revistas de gran prestigio como Vogue o Harper’s Bazar.

Pero hay un momento decisivo en su carrera y es cuando entre los años 1955 y 1957 Diane Arbus asiste a clases con la fotógrafa austríaca Lisette Model, con la que hay grandes paralelismos tanto en el aspecto técnico de sus fotografías, o en la elección de algunos temas (la fotografía callejera, los bares etc.) También en el aspecto personal ya que ambas provenían de una familia acomodada. Además esta época coincide con un momento personal complicado ya que se separa de su marido.

Después de las clases con Model  decide salir a la calle y fotografiar escenas de la vida callejera, más tarde después del visionado de la película Freaks o La parada de los monstruos comienza a adentrarse en colectivos que se movían en ambientes marginales, o que sus vidas, profesiones o incluso su aspecto físico se alejaban delo políticamente correcto, o de la idea de sueño americano.

En cuanto a los temas tratados en sus fotografías son sobre todo familias disfuncionales (con hijos gigantes, con gemelos, los gemelos como vínculo inseparable), más tarde tratará el tema de los enfermos mentales.

De los años 60 son sus fotografías tan conocidas sobre enanos, prostitutas, nudistas, con estos pasará épocas conviviendo en una especie de campamentos nudistas, todas estas experiencias ayudan a cambiar su visión del mundo.

Arbus trata de mostrarnos a las personas alejadas de los cánones de belleza establecidos por el sueño americano, nos muestra personas que si no fuese por sus fotografías no estarían presentes en una sociedad que las evitaba o ignoraba, aunque sus fotografías nunca  encierran un discurso moral, por eso en ocasiones fue criticada, por ejemplo Susan Sontag afirmaba que Arbus deshumanizaba a las personas, porque no causaba ningún sentimiento de compasión, sino más bien todo lo contrario. De hecho con su cámara Rolleiflex retrataba a las personas con un flash directo muy potente que acentuaba imperfecciones etc. consiguiendo un aspecto más crudo de la realidad.

Actualmente en el Centro Martin Gropius Bau está teniendo lugar una exposición, que estará hasta el 23 de septiembre, quien la visite podrá ver 200 imágenes, además de documentos de la artista, como cuadernos de notas etc. La mayoría de las fotografías se centran en el Nueva York de los años 60 y 70.

Creo que para definir la obra de esta artista es mejor utilizar sus propias palabras, si las leemos detenidamente nos damos cuenta que sus imágenes tienen tanto éxito porque están alejadas de un sentimiento de paternalismo o sobreprotección, retrataba a las personas de forma cruda porque la realidad es cruda, ella afirmaba que “La mayoría de la gente se pasa su vida temiendo pasar por una experiencia traumática. Los Freaks nacieron con sus traumas. Ellos ya han pasado su prueba. Son aristócratas. (…) Ellos me han hecho sentir una mezcla de vergüenza, temor y asombro. Quería mostrar sus retratos tal y como son”.

El 26 de Julio de 1971 Diane Arbus se suicida, tenía 48 años. Su hermano el poeta Howard Nemorov  le dedica un poema: “te negaste a seguir jugando el juego de los adultos en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad, se sigue corriendo sin mirar abajo y nunca se salta por temor a caer.”

Las obras de Diane Arbus siguen dando que hablar y es que pocos artistas consiguen lo que ella consiguió, hizo de lo marginal algo real y de la realidad una gran fantasía.

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